Impacto Laboral

Nadie quiere hablar del elefante en la sala

Chile lidera rankings de IA en el papel. En los proyectos reales, nadie encuentra a quién contratar. Y el jefe de proyectos sigue sin aparecer en esa conversación.

Juan Pablo Basualdo
Juan Pablo Basualdo
18 abril, 2026 · 8 min de lectura
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Hay un momento en casi todo proyecto tecnológico que conozco. No está en el cronograma, no aparece en el kickoff y nadie lo pone en el acta. Es el momento en que alguien pregunta, con tono de que ya sabe la respuesta, quién va a implementar la parte de IA.

Silencio.

No porque no haya respuesta. Sino porque la respuesta es incómoda: no hay nadie. O hay alguien que más o menos puede, pero que está en tres proyectos al mismo tiempo, y que probablemente en seis meses ya no va a estar en la empresa.

Eso es la brecha de talento en TI. No un problema del futuro, no una advertencia de informe. Es lo que pasa el martes por la mañana cuando arranca el sprint.

El ranking no gestiona proyectos

Chile lleva tres años seguidos encabezando el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial. Lo digo sin ironía: es un logro real, construido sobre infraestructura, formación y políticas públicas que otros países no tienen. Pero hay algo que ese índice no mide, y es lo que más me interesa como gestor de proyectos.

No mide lo que pasa cuando uno intenta armar un equipo.

El estudio de ManpowerGroup del año 2026 consultó a más de 39.000 empleadores en 41 países. En Chile, el 62% dice que tiene problemas para cubrir vacantes. Eso ya es alto. Pero en el sector tecnológico específicamente, el número sube al 83%. Ocho de cada diez empresas del rubro no encuentran a quien necesitan.

Ocho de cada diez. No es una proyección. Es el contexto operativo real en el que hoy firmamos actas de inicio de proyecto.

Y a eso se suma otro número que rara vez aparece en los titulares: Chile tiene un déficit anual de 6.000 profesionales especializados en TI. No es un dato puntual de un año malo. Es lo que se acumula cada doce meses mientras la demanda sigue creciendo.

No es solo cuántos faltan. Es qué tipo de persona falta.

Aquí es donde la conversación se pone más difícil, porque el problema cualitativo es más complicado de resolver que el cuantitativo.

Hace cinco años, buscar un desarrollador backend con experiencia en APIs ya era difícil. Hoy ese mismo perfil tiene que saber además cómo integrar modelos de lenguaje, cómo evaluar outputs generativos, cómo construir pipelines que no fallen en producción. El 78% de los roles TI en Chile ya exige competencias directas en IA. Y eso no es una tendencia que viene: ya llegó.

El problema es que las universidades no actualizan sus mallas en meses. Actualizan en años. Y el mercado de IA no espera. Lo que era relevante hace dieciocho meses en este campo ya es conocimiento de base, no diferenciador. Hay una brecha de velocidad que nadie está cerrando todavía.

World Economic Forum · Future of Jobs Report 2025

Cerca del 44% de las habilidades laborales cambiará antes de 2030 por efecto de la automatización y la IA. En Chile, el mercado laboral no logra reconvertir talento al ritmo que exige la industria.

Para quien gestiona proyectos, ese dato tiene una lectura muy concreta: casi la mitad de las competencias de tu equipo actual van a necesitar actualización antes de que termine la década. Eso no es un problema de RRHH. Es un riesgo de proyecto que hay que poner en la matriz desde el día uno.

Lo que el PM ve y nadie más está mirando

Me llama la atención que la discusión sobre brecha de talento en Chile casi siempre ocurra entre economistas, rectores de universidades y ministros. Rara vez entra el jefe de proyectos. Y sin embargo, es quien vive las consecuencias más directamente.

Cuando una posición especializada tarda tres semanas más de lo previsto en llenarse, ese retraso no afecta el índice latinoamericano de nada. Afecta el sprint. Afecta la fecha de entrega que ya le prometiste al cliente. Afecta al resto del equipo, que lleva semanas esperando para avanzar con algo que depende de ese rol.

Cuando al fin consigues contratar a alguien con el perfil correcto, hay otro problema: llega sabiendo la tecnología, pero no sabe nada del dominio del proyecto. El onboarding técnico que antes tomaba días ahora puede tomar semanas, porque los sistemas son más complejos y la integración con componentes de IA requiere contexto que no se aprende en un README.

Y cuando ya tienes a esa persona funcionando bien, integrada, productiva, llega la tercera capa: la retención. Un desarrollador con experiencia real en IA en Santiago hoy puede recibir una oferta de una empresa en Madrid o en San Francisco sin moverse de su silla. El mercado de talento especializado ya no tiene geografía. Las empresas locales compiten con condiciones que no siempre pueden igualar.

El PM que no pone esto en su plan de gestión de recursos está trabajando con un supuesto que ya no existe.

La paradoja que nadie quiere admitir

Somos el país que más forma en IA en América Latina —23% según el Estudio de Tendencias 2026 de Buk— y aun así el mercado laboral no da abasto. ¿Cómo se explica eso?

Una parte de la explicación está en la velocidad. Formamos bien para lo que era relevante hace dos años. La otra parte está en un problema de articulación que ninguno de los actores —academia, empresa, Estado— ha resuelto con suficiente urgencia, porque cada uno espera que lo resuelva el otro.

El resultado práctico es que Chile tiene capacidad declarada en IA y escasez operativa real. Y en el medio de esa contradicción están los proyectos que hay que entregar de todas formas.

Qué hacer mientras tanto

No tengo una solución para la brecha estructural. Eso toma años y requiere decisiones que no dependen de mí. Pero sí tengo claridad sobre lo que se puede hacer desde la gestión de proyectos, ahora.

Lo primero es dejar de tratar el problema de talento como algo externo al proyecto. No lo es. Si la probabilidad de que una posición clave tarde más de lo previsto en llenarse es alta —y con el contexto actual, lo es— eso va en la matriz de riesgos con probabilidad, impacto y mitigación concreta. Un buffer real, no un "lo vemos cuando pase".

Lo segundo es apostar por el upskilling interno antes que por la contratación externa. Alguien que ya conoce el proyecto, el cliente y el código base es más valioso que alguien que llega con el stack perfecto pero sin contexto. El costo de formación casi siempre es menor que el costo de rotación.

Lo tercero —y esto cuesta más de aceptar— es replantear el tamaño del equipo en función de las herramientas que hoy existen. Si las herramientas de asistencia por IA aumentan la productividad individual en un porcentaje relevante, quizás el equipo que necesitas para esa entrega es más pequeño de lo que planeaste. Eso cambia la ecuación de contratación y puede aliviar la presión sin comprometer lo que importa: entregar.

El rol que nadie está viendo

La conversación pública sobre IA en Chile gira en torno a modelos, rankings, inversión y política. Todo eso importa. Pero hay alguien que no aparece en esa conversación y que es quien tiene que hacer que todo eso funcione en la práctica: el jefe de proyectos.

No el que administra tareas. El que lee el contexto, identifica los riesgos antes de que sean crisis, toma decisiones con información incompleta y mantiene un equipo funcionando cuando las condiciones cambian. Ese perfil es el que convierte una estrategia de IA en algo que se entrega, que funciona, que genera valor.

Chile tiene la infraestructura. Tiene el modelo regional propio con LatamGPT. Tiene la voluntad política. Lo que le falta es gente capaz de llevar todo eso a producción. Y mientras esa brecha no se cierre, el PM es el que absorbe la diferencia entre lo que se promete arriba y lo que es posible abajo.

Eso merece más conversación de la que está teniendo.

Juan Pablo Basualdo
Sobre el autor
Juan Pablo Basualdo

Usuario de ConocIA interesado en inteligencia artificial

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