Impacto Laboral

IA y trabajo: el miedo equivocado y el miedo que sí deberíamos tener

Los estudios dicen que la IA destruirá millones de empleos. Otros dicen que creará aún más. Ambos pueden tener razón, y eso debería preocuparnos más, no menos.

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11 abril, 2026 · 3 min de lectura
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El informe del Foro Económico Mundial publicado en 2025 proyecta que la inteligencia artificial desplazará 85 millones de empleos en los próximos cinco años pero creará 97 millones nuevos. Un saldo neto positivo de 12 millones de puestos. Suena tranquilizador hasta que uno se pregunta: ¿quiénes son las personas del primer grupo y cuántas de ellas estarán en el segundo?

Esa pregunta es la que los titulares optimistas evitan sistemáticamente.

La brecha de la transición

Las revoluciones tecnológicas anteriores —la mecanización agrícola, la automatización industrial— también "crearon más empleos de los que destruyeron" en el largo plazo. Pero el largo plazo duró décadas, y las personas que perdieron sus trabajos en 1975 no pudieron esperar hasta 1995 para reciclarse en técnicos de mantenimiento de robots. Muchas simplemente quedaron fuera del mercado laboral, formando las "comunidades olvidadas" que siguen definiendo la política electoral en el midwest americano y en el norte industrial europeo.

La IA comprime esos ciclos, pero también los hace más disruptivos porque afecta simultáneamente a sectores que históricamente habían sido refugios en las transiciones: trabajo cognitivo de nivel medio, servicios profesionales, tareas de análisis y síntesis de información.

Los trabajos que nadie menciona

Hay una categoría de empleo que crece silenciosamente gracias a la IA y que rara vez aparece en los análisis de alto nivel: el trabajo de anotación, verificación y corrección de datos que alimenta los sistemas de entrenamiento. Son empleos reales, muchas veces mal pagados, concentrados en economías de bajos ingresos, realizados por personas que etiquetan imágenes, transcriben audio o califican respuestas de modelos.

El investigador de Oxford Callum Cant ha documentado extensamente estas condiciones en su trabajo sobre "ghost work": la mano de obra invisible que hace posible que la IA parezca autónoma. Esos trabajadores existen fuera de las estadísticas brillantes sobre "empleos del futuro" y dentro de las mismas condiciones precarias que la automatización supuestamente iba a eliminar.

El miedo que sí tiene sentido

No es el miedo a quedarse sin empleos. Es el miedo a la concentración de valor. Si la IA permite que una empresa de 50 personas genere el valor económico que antes requería 500, la pregunta no es si habrá empleos sino quién capturará los beneficios de esa productividad.

Esa concentración ya está ocurriendo. Las siete mayores empresas tecnológicas de EEUU representan más del 30% de la capitalización total del S&P 500. Sus márgenes crecen mientras los salarios medios en los sectores que automatizan se estancan o caen.

El debate sobre el futuro del trabajo no es un debate tecnológico. Es un debate político sobre distribución. Y en ese debate, la tecnología es solo la excusa.

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