¿Qué nos está pasando cuando convertimos la ausencia de exigencia en el bien más caro del mercado?
¿Qué nos está pasando cuando convertimos la ausencia de exigencia en el bien más caro del mercado? La tecnología ha llegado a un punto en el que la ausencia de exigencia se ha convertido en un artículo premium.
Resumen
¿Qué nos está pasando cuando convertimos la ausencia de exigencia en el bien más caro del mercado? La tecnología ha llegado a un punto en el que la ausencia de exigencia se ha convertido en un artículo premium.
La tecnología ha llegado a un punto en el que la ausencia de exigencia se ha convertido en un artículo premium. No estamos hablando de la desconexión acústica o la privacidad, sino de la capacidad de elegir qué exigencias son importantes para nosotros.
El ejemplo más claro de esto es el diseño de silencio en los vehículos de alta gama, como los Rolls-Royce. Se tiene un departamento de ingenieros dedicados a calibrar el nivel de silencio en el habitáculo de los autos, un proceso que cuesta casi más que el motor.
Este enfoque en el silencio no es nuevo, pero lo que sí es nuevo es la forma en que se está vendiendo. Ya no es solo un accesorio para los ricos, sino un producto diseñado por ingenieros de sonido que se puede comprar y mejorar en la siguiente versión.
El silencio ha sido gentrificado
El silencio ha sido gentrificado, es decir, ha sido convertido en una suscripción que solo los que pueden pagar pueden disfrutar. Y como en toda suscripción, en cuanto dejas de pagar, vuelve el ruido.
Esta tendencia no se limita al silencio. También se aplica a la privacidad y la seguridad. Los asistentes virtuales y las agendas que deciden qué exigencias son importantes para nosotros se han convertido en un artículo premium.
La ausencia de exigencia como bien de lujo
La ausencia de exigencia se ha convertido en un bien de lujo que solo los que pueden pagar pueden disfrutar. Y no estamos hablando de la desconexión acústica o la privacidad, sino de la capacidad de elegir qué exigencias son importantes para nosotros.
El diseño de silencio en los vehículos de alta gama es solo un ejemplo de esto. Se tiene un departamento de ingenieros dedicados a calibrar el nivel de silencio en el habitáculo de los autos, un proceso que cuesta casi más que el motor.
La tecnología que no quiere nada de nosotros
La tecnología que no quiere nada de nosotros es la que tiene un propósito y nos deja en paz. No estamos hablando de la tecnología que nos obliga a estar conectados, sino de la que nos permite elegir qué exigencias son importantes para nosotros.
El ejemplo más claro de esto es el uso de los auriculares de cancelación activa. No eliminan el ruido, sino que lo modelan, generando la onda inversa calculada exactamente para anular las frecuencias del avión o del barullo de la cafetería.
"El silencio ha sido gentrificado, es decir, ha sido convertido en una suscripción que solo los que pueden pagar pueden disfrutar. Y como en toda suscripción, en cuanto dejas de pagar, vuelve el ruido."
Contexto clave
El silencio ha sido gentrificado, es decir, ha sido convertido en una suscripción que solo los que pueden pagar pueden disfrutar. Y como en toda suscripción, en cuanto dejas de pagar, vuelve el ruido.
La tecnología que no quiere nada de nosotros es la que tiene un propósito y nos deja en paz. No estamos hablando de la tecnología que nos obliga a estar conectados, sino de la que nos permite elegir qué exigencias son importantes para nosotros.
El diseño de silencio en los vehículos de alta gama es solo un ejemplo de esto. Se tiene un departamento de ingenieros dedicados a calibrar el nivel de silencio en el habitáculo de los autos, un proceso que cuesta casi más que el motor.
Para profundizar
- Tecnología de silencio — El diseño de silencio en los vehículos de alta gama es solo un ejemplo de la tecnología que se está enfocando en la ausencia de exigencia.
- Privacidad y seguridad — La ausencia de exigencia se ha convertido en un bien de lujo que solo los que pueden pagar pueden disfrutar. Y no estamos hablando de la desconexión acústica o la privacidad, sino de la capacidad de elegir qué exigencias son importantes para nosotros.
- Tecnología que no quiere nada de nosotros — La tecnología que no quiere nada de nosotros es la que tiene un propósito y nos deja en paz. No estamos hablando de la tecnología que nos obliga a estar conectados, sino de la que nos permite elegir qué exigencias son importantes para nosotros.
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