El 13 de marzo de 2024, el Parlamento Europeo aprobó el Reglamento de Inteligencia Artificial, el primero en su tipo en el mundo. Tres años de negociaciones, centenares de enmiendas, una pandemia y una revolución de los LLMs en medio del proceso. El resultado es un texto de 458 artículos que intenta hacer algo extraordinariamente difícil: regular una tecnología que evoluciona más rápido que los ciclos legislativos.
El problema de la velocidad
La crítica más legítima al AI Act no es ideológica sino temporal. Los modelos de lenguaje de propósito general —la tecnología más disruptiva del momento— apenas existían en su forma actual cuando empezaron las negociaciones.
¿Quien seguirá a Europa?
La pregunta estratégica es si el AI Act se convertirá en estándar global por el efecto Bruselas o si fragmentará el mercado global de IA. Lo que está claro es que la era de la IA sin regulación ha terminado, al menos en Europa.
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